La revolución
fría
Agarrá tu laptop después de exportar un video y tocala con la mano. Quema. Tenés un ventilador adentro soplando como secador de pelo y la base cocinándote las piernas. Toda la vida nos hicieron creer que ese calor era la máquina esforzándose, dándolo todo por vos, la pobrecita.
Mentira. Ese calor no es esfuerzo, es plata quemada. Es energía que la computadora agarró, no supo qué hacer con ella, y la largó al aire en forma de fiebre. Lo que estás tocando con la mano es el desperdicio.
La guerra del megahertz
Cuatro décadas vendiéndote lo mismo en cada keynote y en cada caja: más gigahercios, un numerito más grande que el del año pasado. Y andaba, en el sentido más tonto posible. La compu nueva corría un poco más rápido y se calentaba un poco más, y a nadie le llamaba la atención que esas dos cosas vinieran siempre agarradas de la mano.
Te arruino el final. El problema nunca fue cuánta potencia tenías. El problema era una mudanza.
El dato que no para de mudarse
Adentro de una compu común, la CPU y la placa de video no comparten nada. Cada una tiene su propio cajón de memoria. Cuando querés que aparezca algo en pantalla, el dato sale del cajón de la CPU, cruza un pasillo angosto y se mete copiado en el cajón de la GPU. Y de vuelta. Millones de veces por segundo, una computadora cargando cajas de un lado al otro de su propia casa, peleándose con ella misma.
No te lo cuento más: rompelo vos. Arrastrá la carga de trabajo de navegar hasta 8K y mirá las dos máquinas al mismo tiempo. Misma tarea, dos destinos. Empujá la clásica hasta donde aguante.
Navegando, las dos están heladas. Empate técnico — el truco todavía no se nota.
Esa diferencia no la hizo un chip más bestia. La hizo un chip que dejó de cargar cajas al pedo — y por eso nunca tuvo que ahogarse para seguir.
No es mejor. Está en otro gráfico
Poné todos los chips de laptop de 2020 en un gráfico. A la derecha los que más rinden, para arriba los que más electricidad chupan. Te queda un montoncito de puntos amontonados peleándose por el mismo rincón, todos calentándose para rendir más o menos parecido. Y entonces aparece el M1, abajo a la derecha, en una parte del gráfico donde no había absolutamente nadie.
¿No es esto puro fanboyismo?
El escépticoFrená. Esto es chuparle las medias a Apple. Es un aparato carísimo, cerrado con candado, donde no podés ni sumarle un palo de RAM. ¿Y le estás armando un altarcito?
Y tiene toda la razón. Lo gracioso es por qué no podés sumarle RAM: porque la memoria está soldada adentro del chip, pegadita a todo lo demás. Esa cercanía es justo lo que mató la mudanza y bajó el calor. O sea que lo que lo hace rápido es exactamente lo mismo que lo hace imposible de actualizar.
No existe la versión donde te quedás con lo bueno y tirás lo malo. Viene todo en el mismo paquete o no viene. Apple no te vende un milagro acá, te vende un canje. Y mientras tengas claro qué estás resignando, a mí me parece bárbaro.
La traición a Intel
Para llegar hasta acá, Apple le soltó la mano a Intel después de quince años juntos, se encerró a diseñar su propio chip sobre ARM (la arquitectura de los teléfonos, sí, esa que todos miraban por encima del hombro), lo mandó a imprimir a 5 nanómetros a una fábrica en Taiwán, y apostó la empresa entera a salir bien parada. Sin red abajo.
Y la parte más demente es Rosetta 2. Cuando cambiás de chip, en teoría todos tus programas viejos dejan de andar, porque están escritos para el chip anterior. Apple metió una capa que los iba traduciendo al vuelo, mientras los usabas, sin avisarte. Andaba tan bien que muchísima gente jamás se enteró de que sus programas estaban corriendo traducidos abajo de la alfombra.
La laptop fría es la punta de algo enorme
Bajá un cambio y mirá la cadena completa. Esa laptop helada sobre tus piernas no es solo un chip eficiente: es la interfaz doméstica de una máquina industrial que cruza medio planeta. Diseño en California, una arquitectura que no es de Apple, y un cuello de botella del que depende casi toda la computación de punta: una sola isla.
No es un chip. Es geopolítica del silicio — y el precio de tu laptop fría incluye esa dependencia, aunque no figure en el ticket.
Voy a ser cursi
Tuve una de estas laptops sin ventilador renderizando un video que tres años antes me habría hecho rugir una torre del tamaño de un microondas. Y la cosa no hizo nada. La toqué esperando que estuviera hirviendo y estaba fresca. Me quedé ahí, como un nabo, tocando una laptop fría.
Cada tanto, muy cada tanto, una industria entera pega un salto de verdad y te toca estar ahí para verlo. Esto fue uno de esos. Podés odiar a Apple todo lo que quieras (yo lo hago bastante) y sentir igual que viste algo. Las dos cosas entran cómodas.
El M1 no ganó por
tener más fuerza.
Ganó porque dejó de tirar a la basura la que ya tenía. Y no te lo prueba un número en una caja: te lo prueba una laptop fría sobre las piernas mientras hace algo pesado. Casi te ofende lo aburrida que se volvió la magia.
Mientras leías todo esto, una laptop clásica habría tirado al aire 0 joules de calor. Un M1, 0. La diferencia te la cocinaste vos, gratis, sin enterarte.
Volver a las experiencias →