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Historias

Un reencuentro ácido (I)

6 DE MARZO DE 2017Daniel Velásquez
Sentía nauseas, y desequilibrio a duras penas podía mantenerme en pie, me agarraba de las paredes, logre salir de la pensión desvencijada en la que andaba cautivo desde hace tres días, nunca una dosis de LSD me había causado tantos problemas, una hermosa joven de cabello blanco y sin cejas recientemente me había apuntado con un revolver, la historia de cómo eso y muchas otras cosas sucedieron es de por sí curiosa y da para un entretenido relato mientras uno se toma unas polas con los amigos, pero no es momento de pensar en eso, necesito regresar a casa (si es que para este momento tengo alguna). Saco de mi bolsillo las llaves, no pienso mucho apenas hasta ahora me percato que ando sin camisa y recorrí así media ciudad en pleno día, tome un bus camine e incluso tome un colectivo pero ningún conductor me detuvo, probablemente los pasajeros me miraron extrañado, pero ni me percate, ahora que estoy a punto de ensartar la llave en la chapa, también me dejo olvidar de todo, y no pienso en como reaccionara mi mujer si me ve entrando sin camisa y desaparecido por completo por 3 días, la desaparición se puede excusar fácil al fin y al cabo le dije que iba de rodada y volvía en aproximadamente una semana, hasta me sobraron días me deberían dar el premio al mejor hombre y el más responsable incluso, pero no tener camisa (y el hecho de no tener tampoco mi maleta) eso si estaba complicado de explicar, pero por mi mente nada de eso paso en ese instante, solo quería entrar y poder tomarme algún analgésico. Entro y empieza la primera tragedia, debí haber llamado antes, la situación entre Julieta y yo estaba complicada, entonces no debía sorprenderme lo que estaba a punto de ver, a todo esto recuerdo que mi celular también estaba en mi maleta, allí tenía el número de Mónica que es la única que me podría dar asilo y refugio en estos momentos, de vuelta a la realidad veo a Julieta besándose en el sofá con otro tipo, ella voltea y no pregunta por mi falta de camisa, hace gestos no es capaz de vocalizar, simplemente me voy, el problema de esta situación es que eventualmente me va a tocar volver a darle la cara, porque no tengo más a donde ir Mónica solo me recibirá por unos días y pues la casa es de Julieta y yo ando desempleado, estudiar algo relacionado con finanzas no fue muy listo del todo, encontrar trabajo ha sido complicado, de algo sirvió este encuentro nauseabundo al regresar a casa ya había dejado de pensar en los últimos tres días durante los 20 minutos que me tomo llegar a casa de Mónica, por tercera vez en el día monto en un bus sin camisa, y tampoco me importo, solo necesitaba llegar a un lugar tranquilo (a lo que ahora me pregunto porque me dirijo a la casa de Mónica si ese lugar es todo menos tranquilo),toco la aldaba de la puerta, oprimo el timbre varias veces, espero paciente al fin del otro lado se escuchan trabas para quitarle los seguros a la puerta hasta que al fin una luz y una silueta se aprecian del otro lado de la puerta. Mónica me hace pasar me pregunta que paso, le intento contar y le menciono las nóminas dobles en la policía y el negocio de las partes robadas de moto, el lupanar del barrio París, los lotes perdidos en Puerto Triunfo y continuo y continuo, ella me detiene y me dice “Creo que es momento que vayas a ver a Daniel Velásquez”.