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Un mundo sin empleos

La mayoría de nosotros (por no decir todos) nos hemos planteado el siguiente escenario: ¿Que haría yo si me ganara el Baloto? (algunos más optimistas usan la variante ¿Que haré cuando me lo gane?), el ejercicio es divertido porque nos plantea cierto dilema que viene desde nuestra infancia.

19 DE OCTUBRE DE 2016Daniel Velásquez
La mayoría de nosotros (por no decir todos) nos hemos planteado el siguiente escenario: ¿Que haría yo si me ganara el Baloto? (algunos más optimistas usan la variante ¿Que haré cuando me lo gane?), el ejercicio es divertido porque nos plantea cierto dilema que viene desde nuestra infancia. La cuestión era: Quitando el obstáculo del dinero ¿A qué te dedicarías?, Los profesores de primaria la usan frecuentemente y los de ultimo año abusan de esta para que sus alumnos tomen una decisión vocacional más inclinada hacia los gustos y pasiones que hacia lo pragmático y establemente financiero. Muchos en mi círculo más cercano de relaciones sociales plantean irse de retiro indefinido a un pueblito donde tendrían una pequeña finca y se dedicarían a las actividades del campo, aquellos que son contemporáneos a mi mantienen cierta doctrina, para ellos es como un mandamiento que dicta que lo mejor es viajar, la mejor y única posibilidad que existe con tal hipotética solvencia económica es gastarse el dinero en viajar y conocer el mundo; pensamiento que me parece irónico por cierto porque aquellos que dicen eso con frecuencia son los mismos que defienden a ultranza y rajatabla que Colombia es un excelente país y que no puede recibir crítica alguna. Todo lo anterior lo planteo no porque me haya ganado el Baloto, o haya recibido una sustancial herencia de un pariente lejano sino como antesala a una consideración que se me atravesó en la semana: Un mundo sin trabajo (para los seres humanos) está más cerca de lo que creemos, pero somos nosotros mismos quienes nos estamos encargando de que se aleje esa realidad. A pesar de los grandes avances que se han hecho en la historia más reciente de la humanidad en los temas de maquinaria y robótica; aquellos que estamos vivos el día de hoy podemos esperar seguir trabajando hasta que nos pensionemos (tema aparte es la discusión de si nos llegara a tocar algún plan de retiro debido a la caída en picada del sistema pensional). No obstante, es profano negar e ignorar el progreso que se ha hecho en nuestra vida laboral, siendo el responsable principal de esto la tecnología, esta ha ayudado a impulsar la globalización, automatizar trabajos rutinarios, y ha permitido que pequeños equipos de personas altamente habilidosas gestionen tareas que antes requerían decenas de personas. Los mercados laborales han tomado una posición cuestionable al respecto, trabajos que perfectamente podrían y deberían ser realizados por una máquina, las compañías en vez de realizar esa (valga el oxímoron) pequeña gran inversión inicial que implica la adecuación y mejora a través del reemplazo por maquinas o procesos que automaticen todo, en su codicioso afán de reducir gastos prefieren abaratar costos rebajando salarios. En su línea de ideas piensan, para que cambiar la mano de obra por robots en las grandes bodegas, si hay colas de cientos de personas dispuestas a mover cajas de un lugar a otro por un salario bajo, las firmas de abogados pararon planes para invertir en tecnologías de escaneo avanzado de documentos legales porque asistentes jurídicos los hay por montones, siguen existiendo los cajeros en los supermercados cuando ya existen cajas de auto-liquidación que se ha comprobado que son más rápidas y no representan peligro alguno de robos para las tiendas. Es irónico por lo menos pensar que el gran amanecer de la era tecnológica se ve evidenciada en rebajas de salarios y aumento de horas laborales para las personas y este caos solo es una revelación de cómo es de complicado la construcción de un mundo sin empleos.