Historias
Soñando despierto
11 DE SEPTIEMBRE DE 2017Daniel Velásquez
Al final del pasillo oscuro esta ella con un vestido blanco puesto, estira su mano y con su índice me señala que me acerque, pero mientras más intento correr veo que no me acerco, ella no se aleja esta inmóvil pero el pasillo parece alargarse.
Recostados en una verde pradera, estabas sonriente y yo preocupado, creí que había quedado sordo, pero escucho a los pájaros, veo que mueves los labios y me acaricias el rostro, pero no escucho nada de lo que dices, tal vez te quedaste muda, no lo sé, asiento con la cabeza.
- Despierta - te escucho gritar sentada a mi lado mientras estoy recostado paralizado en la camilla.
Vuelvo al pasillo sin fin, cada vez más oscuro y veo cómo vas cerrando la puerta al final de este, y quedo en completa oscuridad, cierro los ojos, prefiero la oscuridad interna de mi ser, a la exterior que tiene la vida.
Nunca entendí porque te emocionabas tanto al ver las vacas, pero tú tampoco entendías porque me emocionaba al ver una gota caer lentamente de una hoja, entonces estábamos a mano ¿no?
Alguna vez llegamos a hablar de la biblia, no de esta como tal, sino de sus historias, nos parecía fascinante la parte en que Abraham iba a tener tanta descendencia como estrellas contara, y te conté como siempre me parecía hilarante la historia de Job (ni tu ni nadie entienden que le veo de cómico a eso).
Jamás me gusto la playa, pero por eso decidí escapar a aquí, cuando decidí irme sin avisar, sabía que nadie me buscaría en una porque las odio, pero pudo más mis ganas de no ser encontrado, a la molestia que me causa la arena entre mis dedos.
- Mándame una señal, una llamada, un mensaje, una carta, una paloma mensajera, lo que sea, déjame saber cómo estas, donde estas, si estas bien, prometo no ir a buscarte si estas bien, hazlo, hazlo por caridad.- sollozabas en privado, cualquier persona que te viera diría que te tomaste muy bien mi desaparición pero tu sabías que te lo habías tomado peor de lo que tu incluso creías, las noches ya no eran las mismas, y se dedicaban a ser un encuentro con la soledad de la incertidumbre.
Tuviste unas lindas intenciones y una la mejor de las voluntades pero no basta la buena voluntad si intentas apagar el fuego con gasolina.