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Reparaciones

5 DE ABRIL DE 2021Daniel Velásquez

Yo conocí a Carl Sagan cuando tenía como 14 años, digo conocí porque leí en algún blog una de esas series de recopilaciones de mejores frases de alguien, porque en persona no tuve la oportunidad Sagan falleció a los pocos meses de yo nacer, el primer libro que leí de el fue El mundo y sus demonios que creo que junto a Los Detectives Salvajes de Bolaño son mis favoritos,  últimamente he estado pensando en que debería enfocar mis energías, siendo muy específicos diría que en el desarrollo de la nueva versión de lo que debería ser la computación y la ingeniería de software, siento que hay varias ramas y todas importantes y que estas se unen pero son dispersas a la vez, se necesita algo un estándar que las una, pero a eso me dedicare después y por después no digo el otro año o algo así, sino más pronto la próxima semana inclusive, pero hoy no, hoy voy a escribir, miren les regalo un cuento, se llama reparaciones.

Medellín 1 de abril de 2021

No sabre decir que lo que fue lo que sucedió el resto de la noche. Un suplicio sin fin, una mezcla de desespero, de querer vivir y también de dejar de hacerlo, de desesperanza y ansiedad, de no querer pensar en nada y pensar que estamos en ese derecho, pero a la vez todos pensar en esa habitación a que todos estamos obligados a estar atentos y al 100% de nuestras capacidades, por él, el que esta acostado en esa cama, conectado a ese respirador, y sobreviviendo.

Es curioso porque se pasa de reclamar porque alguien no esta dando lo mejor de sí, por estar tranquilo sin hacer nada, sin ayudar a buscar una enfermera, o sin ir a comprar los medicamentos que pidieron, pero apenas esta persona explota no se le vuelve a pedir nada, y nos arrepentimos, el estaba manejando las emociones de su mejor manera, y exploto, no podía aguantar más verlo en esa condición ahí acostado a la espera de en cualquier momento que mejorara o empeorara del todo y falleciera, como con la espada de Damocles encima lo tenía tenso y lo presionamos y estallo y ya preferiríamos que siguiera ahí sin hacer nada pero sin llorar, porque pues llorando estorba más, aunque suene así fuerte.

A las cinco de la mañana el frio aumento y aun siento frio aun así este con mi abrigo de esos que se compra uno cuando supuestamente va a visitar el extranjero en invierno porque en Colombia invierno no hay, que sí que trágico todo lo que pasa con el fenómeno del niño, o la niña, ya olvidé cual es cual, pero si no hay nieve no es invierno, no lo digo yo, lo dice la ley.

No nos dimos cuenta de la suerte que teníamos en esos momentos, de eso de que de pura casualidad te hiciste amigo en la universidad en un curso complementario sobre oratoria de una química farmacéutica, una química farmacéutica que va en camino donde otra química farmacéutica a buscar la dosis que le sobro de casualidad de uno los medicamentos que nos hacen falta, que por esas jugadas de saltimbanqui del ministerio de salud que por hacer bonito hizo feo, regulo ese medicamento y por regularlo lo hizo mas asequible pero lo volvió menos accesible (trágico que yo esté hablando en términos de publicista, pero esa es la realidad).

Pedimos un favor a William, no se quien es William, es alguien que nos recomendó una enfermera que hace ese tipo de trabajos, y por ese tipo de trabajos es que lo podíamos llamar a las 3 am para que viajara 1 hora hasta un pueblo y regresara en otra hora de trayecto a la clínica a traernos la dosis.

Empieza a sonar una de esas maquinas a las que el esta conectado todos miramos hacia el y luego intercambiamos miradas formamos un pentagrama de miradas el uno al otro y nos dimos cuenta de que ninguno sabe qué hacer, antes de que se descongele el tiempo llega la enfermera y mueve dos botones y dice que nada que él se movió y desacomodo un vial del suero y por eso la alarma, pero nada de preocuparnos.

Nos pregunta que donde va William, no sabemos él nos compartió su ubicación, pero de un momento a otro dejo de moverse, asumimos que se le apago el teléfono, cuando de repente llega otra enfermera tranquilamente y me llama, salgo y me entrega un paquete que un muchacho malherido del brazo me manda, lo abro y eran los medicamentos que necesitábamos.

Mas tarde me confirman que a 10 calles de la clínica a William lo chocaron y creen que se fracturo el brazo, y en vez de dejarse auxiliar o discutir con el conductor que lo atropello, salió corriendo hasta acá y pidió dos favores, que entregaran un paquete a la habitación 524 de la torre 1 y que si una enfermera le podía revisar el brazo.

Yo abro el paquete y se lo entrego a la enfermera, ella hace magia, que así es como describo el proceso de inyectar el medicamento en la dosis indicada, con la aguja correcta, en el lugar preciso a él, que nada cambia en su estado, no aumentan sus pulsaciones, ni abre los ojos, pero lo importante era que no dejaran de sentirse sus latidos, que siguiera como estaba, ganar unos días mas así, que sin ese medicamento no se hubiera logrado.

Veo que en la calle de en frente deja el repartidor un periódico en la entrada de la clínica tranquilamente bajo a buscarlo y me lo robo, me hago en la terraza y empiezo a leer, es la primera vez que leo noticias en un mes, y es la primera vez en varios años que prefiero distraerme con las tragedias del mundo, que con las mías personales.