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Historias

¿Que tan pronto es ahora?

15 DE ENERO DE 2018Daniel Velásquez
Suena The Smiths de fondo, escribo unas cuantas palabras, borro la mitad, luego las borro todas.  Ya ni sé que escribir, me recorren cientos de ideas, pero son temas de los cuales mi conocimiento tienen cierto alcance, sí que perfectamente podría hablar de ellos y dar una opinión correctamente articulada sin tomar muchos riesgos evitando decir alguna barbaridad, pero eso no tiene gracia. Por otro lado, podría simplemente dejar volar todos esos disparates juntar unos con otros, los que se parezcan entre si más cercanos, terminar con algún apunte astuto y terminar por hoy, pero eso va en contra de las mínimas reglas de calidad a las que me atengo (que son casi nulas). Si fuera por mi hablaría del espacio, como me fascinan los agujeros negros que a tanta gente asustan, como pienso acerca de la posibilidad de vida fuera del planeta tierra y lo fascinante que es esto para mí, como las galaxias chocan unas con otras, las estrellas mueren (y se llevan consigo todo a su alrededor), como el universo que es tan infinito logra aun así expandirse. Hablando del infinito me acuerdo de que, por allá hace 3 años en clase de matemáticas discretas en plena canícula de los agostos, el profesor hablo acerca de infinitos más grandes que otros, menciono el Aleph (sí como el libro de Borges) y allí quedo grabado en mi cerebro, más impregnado que los mandamientos en las tablas de barro que cargaba Moisés. Hoy me levanto y ni se que hacer, no es que no tenga nada que hacer, en realidad hay como una lista considerablemente de cosas largas por atender, procrastino un rato, leo a John Cassidy, Farhad Manjoo, Nicholas Kristof y Dave Weigel. Empiezo a leer el libro de Naomi Alderman (la protegida de Margaret Atwood) “El poder”, me encarreto con las primeras páginas luego lo dejo de lado después seguiré. Respiro, cierro los ojos, ese negro que hay entre mis parpados y mis pupilas me ayuda a concentrar, recuerdo lo que me han dicho sobre si uno se quiere poner de revolucionario que sea exitoso o no en esa tarea dependerá completamente que aquellos con el poder lo permitan. “Revoluciones, así como las que te imaginas no son causadas por lobos solitarios como vos, solo suceden porque gente poderosa como ellos, como los que estás viendo en frente las permiten, si alguna vez esas cosas locas que pasan por tu mente suceden, no va a ser gracias a ti, simplemente fue que te topaste en medio de algo que ya estaba sucediendo”. En el 2018 en ese autoengaño personal que cada uno lleva de los propósitos personales me puse una serie de metas extravagantes no con el objetivo que apenas la tierra de otra vuelta al sol poder tacharlas pero si por lo menos decir que se progreso un poco, me di el gusto o la libertad personal y creativa de limitar en su mayoría estos propósitos a causas que pudiese llevar a cabo en solitario, admito ese egoísmo interno que tengo, esa cosita que hay en mi organismo que le gustan esas actividades que no requieren dependencia o apoyo externo. Han pasado 6 días y pues al parecer esa depresión inicial ya paso, ya abandono mi cuerpo. Llega uno a esa etapa que descubre que no había nada que descubrir, que aprende que ya sabía lo que iba a suceder, uno internamente sabe que es lo correcto o por lo menos tiene unas ideas más o menos concisas de que es el bien pero uno ya no aspira a ese bien puro y superior, uno aspira por lo menos a no traicionar a ese conjunto de ideas que lo hacen sentir cómodo a uno y uno considera buenas, lo suficientemente estrictas como para cuando las rompamos nos percatemos de esto aún así siendo flexibles que no obliguen constantemente a ir en contra de estas. Sigo sin saber qué hacer, tengo ganas de releer "El mundo y sus demonios" recuerdo que lo regale tontamente y no he podido encontrar otra copia desde hace un año (aquel que me regale una con seguridad lo invitare a cenar o algo así como agradecimiento), enciendo la laptop y abro un archivo de Word, inteligencia artificial pienso y borro un párrafo con alusiones a Asimov; ¡Blockchain! me digo asimismo entusiasmado como Arquímedes cuando grito eureka, recuerdo mi apatía frente al tema y como una compañera del trabajo hizo la analogía que los programadores somos como los metaleros, porque los metaleros odian todo el metal, y así somos los programadores con todas las disrupciones tecnológicas de moda, nos dan cierto fastidio y escepticismo. El espacio, de eso debería escribir pero no siento la confianza suficiente. Sigue sonando The Smiths de fondo, y se prende el led del celular, es un mensaje, es una amiga, hace mucho tiempo no hablamos. No me saludo con el clásico hola a secas fue casi un párrafo, aproximadamente 50 palabras. Termina con una invitación disimulada para encontrarnos, me pasan muchas cosas por la cabeza, no sé qué responder al mensaje, entonces me pongo a escribir esta historia.