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Historias

Lo que me dejo el 2017

1 DE ENERO DE 2018Daniel Velásquez
Si algo no puedo negar es que en el 2017 no falto el entretenimiento en momento alguno. 2017 fue el año que supe más que nunca que la desigualdad es el problema más complejo a resolver y que de allí se derivan muchos de los males que nos afligen, también fue el año en que la discriminación se hizo más latente ante mis ojos y descubrir que más que la raza, religión o cualquier otro rasgo característico en la identidad de las personas la gente en la mayoría de los casos discrimina a los demás por pobres. No obstante la lucha reñida que hubo en estos temas  da un brillo de esperanza para los años venideros donde se nota que las soluciones y planes que beneficien a los pobres y la clase media, las medidas que eviten la discriminación y los propósitos que vayan en pro del cuidado del planeta partirán en desventaja frente a los intereses ambiciosos de las contra partes que sin mala intención (aunque a veces no lo parezca) buscan evitar a toda costa estos loables objetivos. Me tomare la libertad de usar el resto de este espacio para hacer una reseña más personal de esta última vuelta al sol. Este año tuve mi primer empleo oficial en el mismo lugar donde hice la práctica, pero no fue el mismo lugar donde termine trabajando al acabar este año mi disquisición frente a este tema esta dividida entre la inmensa gratitud que tengo con los compañeros del lugar de trabajo que abandone y la felicidad del nuevo lugar en el que  estoy donde la tranquilidad reina. Entre los otros eventos más destacados de mi año fue mi graduación y simultanea adquisición de mi titulo como ingeniero como es evidente para las personas con las que más frecuento hablar y relacionarme la educación es parte vital de mi proyecto de vida por lo tanto la felicidad del logro alcanzado al convertirme en profesional se podría decir que fue el momento estelar de mi año. 2017 fue también el año donde se cayeron muchos ídolos. Gente que admiraba, ya fueran compañeros,amigos o personas que conocía de la universidad y pensaba que eran los más tesos del universo, se cayeron del pedestal que los tenía, en una combinación de enterarme que esta gente por muy talentosa que pareciera dejaban mucho que desear como personas y es mi fiel creencia que un profesional ejemplar requiere de ambas cosas tanto un espectacular currículo de logros académicos y proyectos fascinantes como también una actitud y comportamiento que no sea el de un patán; el otro motivo para terminar mi desilusión y que desapareciera por completo la admiración por muchas personas, fue enterarme de los planes actuales y futuros que estos tenían porque al parecer su potencial toco techo, sus metas ya no son las cosas que me dejaban boquiabierto sino que a duras penas logra algún encogimiento de hombros. Muchas veces he querido desaparecer y este año la frecuencia fue mayor que en cualquier otro, en repetidas ocasiones empaque una maleta para simplemente en algún impulso repentino escapar en medio de la noche y borrar todo rastro, hacer borrón y cuenta nueva. Las razones por las que no lo he hecho siempre han sido muy circunstanciales y el común denominador de la mayoría de estas fue brindar una mano de ayuda a alguien que lo necesitaba, porque como se lo complejo que se pueden tornar a veces las cosas considero que mi deber como persona es ese, ayudar cuando pueda. Este año tuve que lidiar con la muerte de un familiar cercano, con amigos en problemas complejos, con personas que al conocer su verdadera forma de ser simplemente termine decepcionado y me aleje porque era la solución más sana, observar en primera fila discriminación inquietante y también ser víctima de ella, afrontar experiencias cercanas a la muerte (y a mi muerte), con algún momento de romance apasionante y confuso en la parte final del año, con gente extraña que me tendió la mano, con mucho, demasiado aprendizaje y demasiados momentos espectaculares. Tengo que admitir que muchas veces me siento como un bicho raro, pez fuera del agua, pieza sobrante del rompecabezas y demás símiles que permitan describir que me siento raro (I’m creep, I’m a weirdo como dice la canción de Radiohead), estoy en la edad que muchos me preguntan porque no me compro un vehículo, porque no abandono a mis padres y me consigo mi propio sitio para vivir, porque no ahorro y me pago un viaje con moderada frecuencia y muchas cosas así, esos son los planes y la manera de crecer de muchos que conozco y allí es donde me siento inmaduro. Aunque la meta de muchos es conseguir un trabajo tranquilo con un pago decente que les permita ahorrar y viajar con cierta frecuencia, mis metas aún son exageradas confieso que aún tengo ganas de ir al espacio, es en serio ese es mi sueño, porque a veces siento que solo estando lo suficientemente lejos de la tierra y un poco más cerca de las estrellas sentiré plenitud. Aún así si algo no puedo negar es que en el 2017 no falto el entretenimiento en momento alguno, conocí gente espectacular y afiance vínculos con las personas que ya conocía y quiero demasiado, sin yo buscarlo, pero para nada despreciándolo parece ser que conoceré una variedad de países el próximo año. Me han ofrecido ser parte de variedad de proyectos interesantes unos con fines académicos, otros con fines sociales y por ahí algún que otro emprendimiento y mi objetivo es unirme a algún subconjunto de estos y evitar abandonar este blog porque escribir ciertamente tiene algo encantador que aunque a veces me sienta tentado de eliminar este sitio web y dejar de lado este pasatiempo convirtiéndolo en algo más personal no publicando mis escritos, hay una vocecita que me dice que no lo haga que la única manera para mejorar es compartiendo estos pensamientos convertidos en letras. Por último, para usted querido lector y su familia, un abrazo de Año Nuevo y un feliz año 2018.