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El juicio a Eichmann, lo natural que es la maldad en el hombre y la objeción de conciencia (I)

5 DE DICIEMBRE DE 2016Daniel Velásquez
Adolf Eichmann fue designado por el régimen Nazi para hacer parte de la sección Judía de la Escuadra de Defensa (Schutzstaffel), a partir de ahí fue parte de la planeación y ejecución de la solución final para el interrogante judío (así fue como se le llamo a lo que simple y llanamente era la búsqueda de una manera para exterminar la que para ellos era la supuesta gran amenaza), a él se le ocurrió la idea de deportar judíos en algo que llamo el plan Madagascar donde puso a estos a que estuvieran en concentración en áreas aisladas todo esto con una eficiencia sanguinaria. Eichmann se sentía muy orgulloso por el papel que jugó en la muerte de 6 millones, cuya mayoría fueron judíos europeos. Acabada la guerra y con un régimen Nazi derrotado sabía que tenía que desaparecer o sino las consecuencias serían graves, pero para su mala suerte fue capturado por las fuerzas militares americanas, estas en su ignorancia no sabían que aquel hombre que se introducía como “Otto Eckmann” era un pez mucho más gordo y lo pusieron bajo una custodia mínima. A inicios de 1946 logro escapar y esconderse en varias partes de Alemania por unos cuantos años. En 1948 obtuvo permiso para aterrizar en Argentina, pero no se jugó esa carta inmediatamente, Eichmann podía ser un asesino sanguinario, pero añoraba a su familia, por eso no se había ido aun a Argentina donde como es conocido fue el lugar de exilio por preferencia de los lideres Nacional Socialistas después de la derrota. Al final supo que era una vida por delante sin su familia o ninguna vida, opto por lo primero, e hizo la famosa ruta de las ratas, que era el viaje que hacían los Nazis para poder escapar a Sudamérica, normalmente constaba de tres estaciones la primera en Austria donde monjes les daban refugio en los monasterios hasta que fuera seguro partir al segundo punto, nada más ni nada menos que el Vaticano donde Obispos se encargaban de refrendar pasaportes (casi siempre Argentinos) para estos viejos asesinos, de allí de la santa ciudad partían con pasaporte en mano a la tercera y última estación Génova donde desde su puerto partían en barco para Argentina. Eichmann no tomaba mate, pero si se le pego la costumbre porteña de tomar vino, a los dos años de su exilio volvieron los sentimientos de soledad y la necesidad de tener a su familia consigo, los mando a traer (y tal vez fue ese su mayor error) y continuo su vida bajo el alias de Ricardo Klement. Poco sabía el que desde su llegada a Argentina pocos meses después ya había un grupo de detectives de la Mossad (los servicios de inteligencia israelí) siguiéndole la pista, para Israel los juicios de Nuremberg fueron una payasada, y considero que las penas que se dieron en ese juicio fueron básicamente un insulto para los dolientes, las víctimas y todo el pueblo judío en general además que Eichmann siguiera vivo y viviendo una vida tranquila era más que una cachetada para ellos, así que decidieron que era prioridad someterlo a juicio en Israel. El problema es que Argentina nunca aceptaría extraditarlo, así que planearon algo diferente: ¡Secuestrarlo!, y así lo relatan oficiales del servicio de inteligencia israelí donde la pista la dio la novia de uno de los hijos de Eichmann y donde lograron identificarlo por la forma de sus orejas, así que una tarde en el camino de regreso para su casa, este fue abordado discretamente y le aplicaron una inyección en el cuello para paralizarlo lo metieron en un carro donde examinaron su pecho y vieron cicatrices características de él, ya en una casa refugio este fue interrogado y forzado a identificarse, primero dio un alias alemán, luego su falsa identidad Argentina, para al final por fin confesar y decir “Si yo soy Adolf Eichmann ese es mi nombre, ahora por favor me darían una copa de vino”. Ya en Israel fue sometido a juicio, y en un suceso que pasara para la historia fue el primer (y a día de hoy aún único) hombre condenado a la pena de muerte en dicho país. Después del dictamen del juez este fue ahorcado y sus cenizas tiradas al mar, para que así nadie tuviera la imprudencia de ir a visitar su tumba.