Opinión
La atracción por la simplificación del panorama internacional y los riesgos que esto conlleva
2 DE OCTUBRE DE 2017Daniel Velásquez
En los preparativos para mi graduación, asistí a una tradicional misa que celebra la universidad, además de los actos litúrgicos se dio un espacio para una serie de discursos de diferentes alumnos que también se iban a graduar, recuerdo vagamente dos de estos, uno del representante estudiantil de la universidad un discurso largo y complejo con tono pesimista que nos invitaba a la construcción de un mejor país a través de la motivación que ya pronto íbamos a ser profesionales, un buen mensaje de fondo pero que rápidamente se diluyo por el uso excesivo de sofisticación como argumento principal y no como medio no intencional para hacer llegar su anuncio.
Por su contraparte el otro discurso que recuerdo de modo aún más impreciso, fue pronunciado por una estudiante becada, daba gracias por la oportunidad que se le dio y mencionaba como no solo asistió a clases, sino que formo una familia allá y el mensaje que dejaba (y lo hacía casi de manera explícita) era como una beca cambiaba por completo una vida.
Después de escuchar ambos discursos le hice el comentario a mi hermana acerca de cómo me pareció muy extenso y presuntuoso el primer discurso, a lo que ella respondió "Si, muy cierto, en cambio el de la muchacha brillo por su simpleza".
La historia anterior tiene como finalidad resaltar como la simpleza es necesaria y permite en ocasiones ser la opción preferible para transmitir alguna idea, juicio, percepción o planteamiento que tengamos no obstante mi legitima intención con esto que estoy escribiendo es evidenciar lo contrario para muchas otras circunstancias y sobre todo la vida cotidiana en general (porque son escasas la cantidad de cosas considerablemente más circunstanciales que la vida misma).
De modo regular me entero de amigos/conocidos compartiendo noticias con información errónea (lo cual es asunto aparte para otra discusión), también de manera regular percibo como el conjunto de personas con quien tengo alguna interacción ya sea presencial o virtual (y de manera directa o indirecta) emite juicios de valor, opiniones, dictámenes y veredictos sobre cualquier tema en particular a partir de conclusiones falsas a las que llegan a través de leer solo los titulares de las noticias o infográficas insuficientes de información, las pocas veces que me he atrevido a cuestionarlos acerca de sus deslices responden a secas que les da flojera entrar en más profundidad sobre el tema, no hay inclinación alguna por contrastar de varias fuentes las indagaciones que fabrican.
Esta formación de una civilización con tendencias empiristas y pragmáticas que poseemos nos sentencia a dejar de lado la teoría y ese sentir de saber con plenitud el porqué de alguna cosa, correlación no implica causalidad pero aquí con tal de evitarnos leer algo de más de dos párrafos sacamos nuestras propias conclusiones a partir de las creencias populares que existen, lo cual resulta peligroso, cuantos remedios caseros no aplican madres jóvenes a infantes porque alguna vez escucharon que era efectivo (efectivamente mortal resulta siendo en muchos de los casos), o como en las pasadas elecciones de los Estados Unidos, Hillary Clinton perdió una cantidad considerable de votos por una falsa noticia acerca de ella teniendo una red de prostitución infantil en una pizzería, o acá donde la gente voto en contra de un plebiscito por la aprobación de un acuerdo de paz porque los iba a volver homosexuales.
Los casos anteriormente mencionados tuvieron sus inmediatas (gigantes) repercusiones, por un lado tenemos a Trump dirigiendo la nación más poderosa del mundo y por el otro lo que paso hace ya un año, no hizo sino entorpecer y relentecer el proceso de paz, y hay variedad de otros ejemplos como los grupos que salen a flote recientemente defendiendo que la tierra es plana, o los grupos de padres antivacunas porque han escuchado que estas causan autismo, todas falacias que se creen pero no están dispuestos a escuchar los argumentos que desdibujan estas porque les da tedio y ese es el peligro, que una persona dude de algo es perfectamente sano (y debería ser más común en el hombre ser escéptico) pero que se tengan creencias arraigadas que claramente son mentiras, o en muchas ocasiones dejar de lado lo que nos dictaría la navaja de Ockham simplemente porque queremos evitar leer unas cuantas páginas de más ya ha traído consecuencias nefastas, y serán más las que vengan, porque afortunadamente aún se creen en las democracias como manera primordial de gobernar, pero eso de que Vox Populi Vox Dei si el pueblo continua en una espiral de decadencia del sentido común y pensamiento crítico nos va a terminar de condenar a la más oscura de las líneas temporales.