DOMINGO, 3 DE MAYO DE 2026DTYMC.COM
← Archivo

I'm cringe but I'm free

3 DE NOVIEMBRE DE 2025Daniel Velásquez

Hace unos días, en un rincón de Twitter, me encontré con una frase de My Dinner with Andre. Me dolió un poco releerla:

“Porque, de alguna manera, en nuestra vida social solo se nos permite expresar lo que sentimos de formas raras e indirectas. Si lo expresas directamente, todo el mundo se vuelve loco.”

Me dolió porque me recordó todas las veces que he intentado decir algo importante —algo sencillo, incluso— y lo único que recibí fue silencio incómodo. La película, y esa frase, hablan de un fracaso en la conexión humana.

Siempre vuelvo al capítulo de Community donde Abed invita a Jeff a cenar. Abed casi siempre habla en metáforas, como si la realidad fuera un set de grabación y él necesitara efectos especiales para poder sentir. Pero esa noche decide intentar ser “normal” cómo en la película.

Lo más triste es que no es su rareza lo que incomoda a Jeff, sino el intento de ocultarla. Abed renuncia justo a lo que lo hace libre: su manera genuina, torpe y brillante de existir.

La película dice que la franqueza incomoda a los demás. Abed muestra que a veces somos nosotros mismos quienes nos censuramos antes de hablar. En su intento de emular la película traiciona el mensaje de esta.

A veces, mi cabeza se siente igual de traicionada. Pienso en “Paranormal” de Tainy con Álvaro Díaz. Ese momento donde la música se detiene y suena una avalancha absurda de veinte golpes de un sonido genérico. Ese ruido caótico y urgente: así suena mi mente cuando intenta “parecer normal”.

Pero entonces aparece David Foster Wallace recordándome:

“Todos somos idénticos en la creencia secreta y tácita de que, muy en el fondo, somos distintos a los demás.”

Y ahí me quedo atrapado.

No quiero convertirme en la persona que cree que su rareza es excepcional. No quiero andar por ahí diciendo que lo que siento es único e intransferible. Sé que esa es una trampa del ego. Sé que todos cargamos con un núcleo silencioso que creemos imposible de explicar. La sensación de ser distinto es, paradójicamente, lo más común que tenemos.

Entonces, ¿qué hago con estas dos ideas que tiran en direcciones opuestas?

Por un lado: quiero liberar mis rarezas, hablar sin rodeos, mostrarme torpe y verdadero, como sugiere My Dinner with Andre.

Por otro lado: no quiero caer en el cliché romántico del “nadie me entiende” que DFW desarma con una frase.

No quiero creer que soy diferente a todos.

Pero tampoco quiero perder las cosas que, aunque no sean extraordinarias, son mías.

Y aquí entra algo más. Una frase que le digo a mis amigos y que ya detestan, porque cada vez que la digo me miran con el mismo fastidio. (Y no, no es lo de la Coca Cola en el desierto, esta vez no). Cuando hago algo que no esperan, les digo: “yo contengo multitudes.” No sé de dónde la saqué —serie, película, lo que sea. Obvio no es original. ¿Qué esperaban, una frase inédita? Siempre alguien lo dijo antes. Yo solo lo adopté porque no encontraba otra forma de decir algo que necesitaba decir.

Estoy intentando sentirme menos incómodo en mi propia piel, y eso me ha llevado a explorar cosas que a veces ni yo mismo entiendo. Estoy mirando si hago una maestría en astronomía o una técnica en mecánica automotriz. Sigo con pintura, pero también quiero teoría musical. Me intriga que algún día me lean el tarot. La única línea roja que mantengo es asistir a conferencias de coach motivacionales para “mejorar tu vida”. Ahí sí, gracias, pero mi dignidad tiene un límite.

No sé si todo eso me hace diferente. Probablemente no. Probablemente todos estemos buscando formas nuevas de sostenernos, de reconocernos, de no sentirnos tan quietos por dentro.

Pero también sé que esas pequeñas rarezas, aunque no sean únicas, me pertenecen. Son verdad en mí. Y esconderlas por miedo a parecer pretencioso sería otra forma de la misma auto-traición.

Hay un meme muy famoso que me ha servido como mantra: una vaca en la playa mirando el océano con el caption I am cringe but I am free. Me parece que ese es el resumen de la única filosofía de vida que me interesa seguir. Esa imagen absurda, torpe y honesta, conecta con lo que intento desentrañar aquí. La verdadera libertad está en aceptar la propia rareza y mostrarse sin disfraces, aunque eso signifique ser “cringe” ante el juicio de los demás.

Al final, la vida que busco se parece mucho a la de esa vaca bajo el cielo abierto: mirar el océano, estar fuera de lugar, ser enternecedoramente raro, y ser libre sin pedir permiso.

Yo contengo multitudes, sí.

Pero no es para sentirme especial.

Es solo para darme, por fin, el permiso de ser honesto.