En Estados Unidos hay eventos que marcan generaciones y se dice que alguien pertenece a una y no a otra sino vivió alguno, es típico preguntar ¿Donde se encontraba usted el momento en que paso el 9/11? y ¿Que estaba haciendo?, esos actos terroristas contra las torres gemelas y el pentágono quedaran siempre en la memoria colectiva, para gente un poco mayor se preguntan lo mismo ¿Que estabas haciendo? y ¿Dónde? pero para el desastre de la nave Challenger en 1986, lo mismo con el asesinato de JFK y la llegada del hombre a la luna.
En Colombia pasa lo mismo, ¿Que estaba haciendo el día que ocurrió el Bogotazo?, ¿Cuándo Armero quedo enterrado bajo tierra?, ¿El día que mataron a Escobar?, más recientemente le podría preguntar a cualquier colombiano mayor de edad que estaba haciendo la tarde noche del 2 de octubre de 2016 momentos después del anuncio de los resultados del plebiscito.
Yo me encontraba con mis amigos del colegio jugando Pokémon Go, bueno ellos lo hacían mientras yo jugaba Pokémon Esmeralda en un emulador para mi celular el mismo celular que tengo en estos momentos, recuerdo que varias camionetas Toyota de color blanco pasaron por la avenida el poblado pitando en signo de celebración, un amigo logro apuntar “mira a esos pitando, celebrando que nos van a dar plomo” y el resto nos reímos, pero fue una risa resignada, una risa de pues ya sabemos que este país es así.
Lo confieso a mi con esas votaciones me paso como a Charlie Brown cuando va a patear el balón y Lucy a ultimo momento se lo quita, me negaba a creer en unas votaciones positivas en este país pero todos los medios reportaban no solo que el “Sí” iba a ganar el plebiscito sino que lo iba a hacer de forma arrolladora, tanto así que ya se estaba haciendo campaña desde la oposición para declarar esas elecciones como ilegitimas, como un ataque contra el pueblo colombiano,
Todos ya sabemos el final de esta historia, el “Sí” perdió de manera dramática, por menos de 200 mil votos, eso es menos de la población de la ciudad en la que vivo (Envigado) y la gente promotora del “No” salió a celebrar su victoria inesperada unas elecciones que 6 horas antes su jefe estaba intentando declarar (una vez más) estas elecciones como ilegitimas al denunciar compra de votos, esas quejas desaparecieron cuando se anuncio la victoria del “No” y salió a dar su discurso triunfal.
Muchos ese día compartieron el famoso video del presentador de deportes Cesar Augusto Londoño diciendo “Hasta aquí los deportes… País de mierda”, y no faltaba el que voto por el “No” que comentaba de manera fastidiosa, vean a este dizque que quieren la paz y diciendo “País de mierda”, como si decir una grosería ya hiciera invalida cualquier postura que uno tenga, como si expresar indignación solo fuera para los guerreristas.
En medio de la desolación leí algo que me ayudo, no subiéndome los ánimos, pero si a aceptar un poco mejor la inherente realidad que siempre vive este país, una columna de Daniel Coronell publicada un lunes, toda una novedad, puesto que normalmente las columnas de opinión del medio para el que Coronell escribía (la revista Semana) publica los domingos, el escrito titula “Juro que no morí”
La siguiente frase del párrafo inicial de la columna aun me impacta:
“Nunca habíamos visto tan cerca la oportunidad de acabar esta guerra y me temo que pasarán muchos años antes de que la volvamos a ver. Lo que decidan las mayorías es lo que debe hacerse en las democracias. Punto. Aunque no siempre tengan la razón como, por ejemplo, cuando las mayorías juraban que la tierra era plana”
Juro que no morí, Daniel Coronell, Revista Semana 3 De Octubre 2016
Coronell menciona como seria de útil y es necesario alguien como Garzón en este preciso instante en Colombia, alguien que hasta su ultimo día predico la necesidad de los diálogos entre guerrilla y gobierno
Ya más muertos no se necesitan en este país. Más miedo no se necesita. Se necesita que se sienten a hablar
Jaime Garzon en entrevista con Álamo Pérez Luna un día antes de su asesinato
En lenguaje coloquial Garzón llega a la conclusión de su última entrevista, una conclusión que 20 años después sigue teniendo vigencia
Hay que darse la pela por la paz