DominoHistoriasMilitaresPoker
Ganar sin premio
28 DE NOVIEMBRE DE 2016Daniel Velásquez
Me habían dejado allí en la casita de los militares, se supone que un primo segundo mío entregaría unas cosas a uno de los Generales (o Coroneles, o Capitanes no sé exactamente, nunca me intereso aprenderme los rangos militares) y pasaría a recogerme, pero eso nunca sucedió; mientras tanto estaba ahí sentado en una mesita tomando un vaso de jugo de naranja de esos hechos con polvito y mezclados en agua, se me acerca un señor ya casi calvo y viejo esbozando una sonrisa en su cara, me pregunta si se jugar al naipe, le respondo que no, me pregunta entonces si se jugar al dominó, le digo que sí y me propone que juguemos.
Son 28 piezas un juego entre 2 se hace predecible y aburrido, así que se deciden unir otros 2 a la mesa, revuelve uno de ellos el más joven (estaría en la mitad de sus 30) cada uno agarra 7 fichas, yo cargaba con 50 mil pesos que mi papá me había dado como aguinaldo para las navidades, menciono esto último porque el más viejo propuso que había que jugar con plata porque así es como juegan los hombres, "Si o no muchacho y usted es un verraco entonces saque ese billetico que le pille ahorita" con bastante desprecio obedecí.
Lo curioso de estos hombres camuflados es que creen que su condición los hace mandamases de cualquiera, incluso gente afuera de sus labores, que el respeto hacia ellos debe ser algo intrínseco cuando no es así, y que les debemos algo de admiración cuando tampoco es el caso, cuando entré a las instalaciones de la base militar el sol estaba en su punto de más picor, cuando salí ya la noche estaba avanzada.
Nunca he jugado póker (miento si lo he hecho, pero ha sido de manera tan esporádica, y tan guiada que no se un forro del juego entonces no me atrevo a decir que lo he jugado) pero a comparación del domino parece ser mucho más complicado de jugar, pero ojo de jugar, porque el domino me parece más complicado de ganar, hay menos margen de movimientos en un juego aparentemente sencillo como el domino, lo cual dificulta ganar.
Estábamos jugando la ronda a 10000, la pasada a 5000, y el famoso capicu (donde la última ficha que tienes la puedes usar en cualquiera de las dos puntas para ganar) a 50000, después de 13 rondas (número maldito al parecer) ya había ganado 450000 pesos una fortuna para mí a mi edad (incluso ahora lo es), y la mayoría de esos 450000 provenían del viejo que me reto al ponerlo a pasar y pasar.
Si me preguntan qué pasaba por mi cabeza, honestamente yo iba a hacerme el tonto, como el que no sabe nada e irme sin recoger el dinero, en mi casa mi papá habría cuestionado demasiado sobre el asunto, mi abuela tan santa que se hacía habría dicho que iba por el camino de la perdición yendo por ahí apostando.
Pero no tuve tiempo de hacer nada, mientras por mi cabeza pensaba con volver otra vez al pueblo (la casa esa de los militares quedaba en una vereda fea a pocos minutos del parque principal), de vuelta a la realidad una pistola Glock 17 apuntaba en mi cabeza, el viejo mirándome serio, me decía "Mijo ya esta tarde vuelva a su casa que por acá es muy peligroso", (y estos son los llamados héroes del país ¿No? pensaba entre mi), yo miraba serio, no me moví, no por imponer algún reto, sino porque sé que en su condición (una borrachera con la que no podía) moverme solo un poco tal vez lo azararía y descargaría 3 tiros en mi frente sin pensárselo.
Alejo la pistola de mi frente y procedí a irme, con el alma a punto de salírseme por la boca, aterrado, pero el miedo y temor cambio a ira en el momento que dijo, "Niño venga esos 50000 déjelos acá no vaya a ser que lo maten por ellos", los saque de mi bolsillo me disponía a dejarlos en la mesa, pero el hombre extendió su mano, deseaba que se los entregara ahí en su palma, y yo sabía que ir en contra de sus deseos en ese momento sería una lucha orgullosa inútil después de todo lo que ya había cedido, y tomando en cuenta todo lo que podía perder (una de mis vidas y no es que me sobren de a muchas).
Ese día aprendí que en muchas ocasiones puedes hacer lo correcto, obtener algo de manera legítima, pero si no conviene para alguien con más poder, pues lastima vas a ganar sin premio.