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Errata de la Mufa

Ver que Boston nos tenía 3-1 en la lona, saboreando nuestra derrota, y remontarles en su propia cara, se sintió como cuando Butch agarra la katana en el sótano y sube las escaleras, y el que sube ya no es el mismo que bajó

5 DE MAYO DE 2026Daniel Velásquez
Errata de la Mufa

Hace unos días los Sixers eliminaron a los Celtics y la ciudad de Filadelfia no sabe todavía cómo procesar algo bueno. Cuarenta y tres años sin ganarle a Boston una eliminatoria, cuarenta y tres años cargando ese número como quien carga una deuda familiar que heredó sin firmar nada, y ahora el número se acabó y uno se queda parado en la cocina a las dos de la mañana sin saber qué hacer con las manos. Técnicamente fue la primera ronda. Se siente como un campeonato, y cualquiera que haya vivido lo que vivimos tiene derecho a que se le sienta así.

La memoria de los pechos fríos y los rebotes de Dios

Hay que entender algo sobre la memoria en Filadelfia: no se cura, se administra, con la resignación de quien administra una deuda que ya prescribió pero que igual aparece en los sueños. Está el recuerdo de Ben Simmons, un pecho frío de manual, un hombre que convirtió el acto de anotar en algo parecido a confesarse en público1, y está, siempre, el tiro de Kawhi Leonard en 2019. Game 7. Segunda ronda. Esa pelota que rebotó cuatro veces en el aro2, uno dos tres cuatro con el tiempo detenido para humillarnos, antes de entrar y mandarnos al carajo. Fue un entierro en vivo. Nadie supo qué decir porque no había nada que decir.

Y luego está Joel Embiid, un gigante con cita anual con la mala suerte: si no es un hueso roto es un ligamento o una infección que aparece justo cuando la serie quema y desaparece cuando ya no importa, como si su cuerpo tuviera agencia propia y opiniones fuertes sobre el timing dramático.

El espía que me tuiteó y los cuellos de camisa

El verdadero horror habitaba en los pasillos de la oficina. La historia de Bryan Colangelo es el tipo de cosa que uno lee y piensa que es ficción satírica y luego resulta que no, que pasó, que hay pantallazos. El presidente del equipo, un hombre con cuellos de camisa tan altos que parecían un disfraz3, operaba con sus burners4 desde las sombras. Se armaba perfiles falsos para tirar veneno sobre sus propios jugadores con la misma energía de alguien que deja una reseña de una estrella en Google Maps sobre su propio restaurante. Decía que Embiid era un vago de discoteca sin madera de líder. El jefe intentaba quemar el edificio con todos nosotros adentro, con la cerrilla escondida detrás de la espalda, sonriendo en las ruedas de prensa.

El kayfabe5 y la maldición de la cara pintada

Para no volvernos locos, opción que estuvo sobre la mesa durante años, nos refugiamos en la mística de Danhausen, ese luchador que parece salido de una película muda que nunca se filmó y que por alguna razón decidió maldecir a los Knicks en Twitter. Nueva York entró en una espiral de derrotas tan absurda que nadie se atrevió a romper el kayfabe. Internet decidió que la magia negra era la única explicación lógica y nosotros, gente razonable con trabajos y familias y opiniones sobre política fiscal, hicimos exactamente lo mismo. Nos convencimos de que los tuits de Colangelo, las rodillas de Joel y el instinto de autopreservación de Simmons formaban parte de una energía pesada que nos tenía frenados. Vivíamos en nuestro propio pacto de fe, creyendo en un plan que el resto del mundo llamaba locura con una condescendencia que ahora mismo se siente absolutamente deliciosa de recordar.

La remontada

Boston nos tenía 3-1 en la lona, preparando los titulares, eligiendo el vino. Remontarles en su propia cara se sintió como cuando Butch agarra la katana en el sótano y sube las escaleras6, y el que sube ya no es el mismo que bajó. Los que esperaban arriba definitivamente no esperaban eso.

El fin de la simulación

Sacar a los Celtics de esta manera fue el exorcismo que nos debían. Joel, el mismo al que su presidente quería hundir desde cuentas sin foto, el mismo que parecía roto cada vez que más lo necesitábamos, terminó rompiendo el entierro. Se acabó la sal. Se acabaron los burners. Trust the Process fue resistencia de trinchera, aguantar los trapos mientras nos disparaban desde nuestra propia oficina, creer en algo que tenía toda la pinta de no merecer fe.

Ganamos, y que los de los cuellos gigantes y los perfiles sin foto se muerdan la lengua.

  1. Esto no es un juicio moral sobre Simmons como persona. Es un juicio sobre Simmons como tirador de tiros libres en playoffs, que es una categoría completamente distinta y con su propia jurisprudencia. 
  2. El tiro de Kawhi Leonard, 12 de mayo de 2019, Game 7. Está en YouTube. No lo veas si tienes planes el resto del día. 
  3. Los cuellos eran, objetivamente, de otro planeta. Irrelevante para la traición pero tampoco del todo irrelevante. 
  4. Burner account: cuenta creada bajo seudónimo para soltar verdades incómodas sin dar la cara. El presidente las usaba para traicionar a sus propios jugadores, que es un uso creativo del formato si uno ignora completamente la ética. 
  5. Kayfabe: término de la lucha libre. El pacto colectivo de mantener la ficción como si fuera la realidad. Filadelfia lleva una década siendo muy buena en esto. 
  6. Pulp Fiction, Tarantino, 1994. Butch baja sin plan y sube con la cuenta saldada.