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El peso que a veces tienen las obviedades

31 DE AGOSTO DE 2019Daniel Velásquez

He escrito menos de 100 publicaciones en este blog y aun así siento que ya los temas se me acabaron, constantemente tengo el miedo de estar repitiéndome de reutilizar la misma trama enmarañada con final inesperado y que le gente piense: “¿Este no se sabe algo nuevo?”. Digo esto porque creo que ya mencioné esto anteriormente, pero para mí el encanto de leer noticias nació específicamente de leer columnas de opinión de el periódico El Espectador, con su famoso slogan “la opinión es noticia”.

Creo que era en el 2010 que si uno leía la sección de opinión se podría encontrar el equivalente al Dream Team del 92 en el baloncesto Olímpico o a la Brasil del 70 de Pele era la generación dorada de columnistas (a los ojos de mi tonto adolescente de 14 años), entre los nombres se encontraban: Héctor Abad Faciolince, Alfredo Molano Bravo, Armando Montenegro, Carolina Sanín, Alejandro Gaviria, William Ospina, Humberto de la Calle etc.

Las columnas que mas se me dificultaban leer eran las de Alfredo Molano porque este hablaba del conflicto y la guerrilla y yo proviniendo de un colegio católico siempre se hizo la satanización entera de estos grupos al margen de la ley y yo bien ignorante leía esas columnas pensativo diciéndome a mí mismo “huh esto del conflicto es mucho más complicado de lo que imagine”.

El otro columnista que se me complicaba era Alejandro Gaviria él hablaba de economía, pero no de temas super especializados, sino de cosas que yo si conocía, pero él te llenaba de citaciones y te ponía a reflexionar, el tiene esa capacidad de escritura con la que te puede hacer cambiar de opinión cosa que para mí es demasiado raro encontrar.

Eventualmente leí una columna dónde anunciaba que era su ultima columna para El Espectador porque iba a ser ministro de salud del gobierno Santos, cosa que me entristeció al mismo tiempo que me alegro, tristeza por no poder volver a leerlo, alegría porque si algo tan roto como el sistema de salud colombiano tenia la esperanza de ser reparado era con la mente de alguien tan astuto como él.

El año pasado en septiembre el periódico Universo Centro saco su edición número 100 (cuyo director es Pascual Gaviria hermano de Alejandro) donde hay una columna titulada “El fin del glifosato: Una historia personal” escrita por Alejandro, contando como fue la decisión para prohibir el uso de este para la aspersión aérea de cultivos ilícitos.

Me encanta esa columna porque tiene diferentes cosas en su escritura que la hacen de esos textos que uno lee y relee, es un ex ministro hablando de manera desenfadada y muestra lo complejo que es sacar adelante cualquier proyecto a flote, aun así uno este convencido de que es lo mejor, en la misma columna el admite que el no era experto, pero que la información que le brindaban sus asesores convertían la decisión en algo obvio, había que prohibir el glifosato.

Mi parte favorita de la columna es este fragmento:

Tres días después los noticieros de televisión anunciaban con estruendo que el ministro de Salud iba a pedir la suspensión inmediata de las fumigaciones aéreas con glifosato. Esa misma noche, alrededor de las diez, me llamó el entonces ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón en tono airado, quejumbroso, ministerial. “Me enteré por las noticias”, me reclamó. “Mi jefe es el presidente”, respondí con el peso que a veces tienen las obviedades.

https://www.universocentro.com/NUMERO100/El-fin-del-glifosato.aspx