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Dr Draper...
23 DE OCTUBRE DE 2016Daniel Velásquez
... O como aprendí a dejar de preocuparme y aprendí a amar a la desinformación.
La noche de ayer fui a visitar a una vieja amiga que llevaba meses sin ver, para hacer del trayecto algo menos trágico decidí pedir un Uber para que me transportara hasta la casa de ella, la mitad del viaje el conductor y yo íbamos en silencio, me dedique a mirar por la ventana todos los edificios aledaños a la autopista.
Repentinamente y en medio de mis a veces inútiles y desproporcionados temores recordé que al final de cada viaje se me pide calificar al conductor con una escala de 1 a 5 estrellas y además de eso seleccionar entre varias opciones que fue lo que salió bien del viaje, pero mis temores no fueron encendidos por eso sino por rememorar que así como yo tenía esa labor al final de cada viaje Rubén (así es el nombre del muy amable señor que me transporto ayer) también tenía que hacer lo mismo y tal vez un viaje silencioso no lo motivara a darme una buena calificación.
Entonces así motivado más por un miedo social que por iniciativa propia decidí iniciar charla con Rubén, eventualmente empezamos a hablar de la movilidad, Rubén hablo acerca de todas las maravillas que brindaba Waze me inquirió acerca de si Google Maps era la tecnología sobre la que se apoyaban, respondí que sería de esperarse que así fuera ya que Google es el dueño de Waze. El fascinado y previamente yo habiendo mencionado que mi área de trabajo era relacionada con las tecnologías, empezó una serie de preguntas hacia mí sobre tecnología, abandonamos la movilidad y me pregunto sobre los celulares y cuáles serían las próximas innovaciones en el tema.
A partir de ahí me sentí como Carl Sagan cuando describe en "El Mundo y sus demonios" su charla con un taxista fascinado por la pseudociencia, Rubén estaba fascinado por la publicidad engañosa, mientras yo trate de explicarle como la Big Data con el Internet de las cosas nos depara grandes cosas para el futuro, como los asistentes personales inteligentes era la próxima gran guerra entre los grandes monopolios de fabricantes de teléfonos, el se enfrascaba en averiguar para cuando íbamos a poder comprar los teléfonos que tanto muestran en vídeos donde la pantalla es como un papel y esta se puede enrollar, o el teclado que se proyecta a través de un láser y tantas dudas sobre funcionalidades de ese estilo.
Así como Rubén es normal encontrar personas que no solo en tecnología sino en otros muchos temas presta su atención a cuestiones que no reflejan la realidad de la actualidad, no es culpa de ellos, el gran culpable son algunos publicistas y gente de marketing dañinos que así como Don Draper hacía en Mad Men nos intenta vender una realidad ficticia, y más peligroso aún se encarga de no promover y dejar en el olvido ideas, planes, proyectos y concepciones revolucionarios que nunca llegan a ser una realidad porque carecieron de la promoción de la que si sobran muchas frivolidades.
En vez de frustrarme y declarar esta como otra de mis tantas preocupaciones sobre cómo funciona el mundo, vi esto como una oportunidad, recordé al editor de Kafka el legendario Kurt Wolff cuando dijo “Nosotros no estamos escribiendo las historias que la gente quiere, por el contrario, estamos escribiendo las historias que ellos aún no saben que les van a encantar”, porque así es como se han ido desenvolviendo muchos mercados, esa atención que reciben los teléfonos por todas esas falsas nuevas funcionalidades que van a tener, generan interés en la gente, que permiten que otras ideas puedan ser desarrolladas porque el público está dispuesto a invertir en estos con tal de conocer con que van a ser descrestados en esta ocasión y así pasa no solo con los teléfonos sino con cualquier producto o servicio en general.
Al parecer (por lo menos en el mundo del comercio actual) si es cierto que la mala publicidad no existe.