La película parte de un hecho real: Susan Orlean escribió un artículo en The New Yorker sobre John Laroche, un hombre que coleccionaba y robaba orquídeas fantasma en los pantanos de Florida. Lo contrataron a Kaufman para convertirlo en película.
Laroche es fascinante: un tipo sin dientes, obsesivo, que había perdido todo interés previo con la misma intensidad con que lo había ganado. Peces tropicales, tortugas, espejos antiguos. Llegó a las orquídeas y se entregó por completo.
El problema es que el libro no tiene estructura de película. No hay antagonista. No hay giro. Solo hay una mujer observando a un hombre que ama una flor que casi nadie puede ver.
(Sí, este lado tiembla si lo sostienes demasiado tiempo con la mirada. No lo controlo. Creo que es porque nunca estuve seguro de lo que estaba escribiendo. Nunca lo estuvo ningún escritor honesto.)
Kaufman no pudo adaptarlo. O no quiso. Pasó meses en blanco. Y en vez de fingir que tenía algo, escribió la verdad: un guionista que no puede escribir el guion, que se odia a sí mismo, que envidia a su hermano imaginario que sí puede hacerlo.
Donald Kaufman no existe. Es una invención de Charlie. Pero en los créditos figura como coguionista. Hasta fue nominado al Sindicato de Guionistas. Una ficción que recibió un premio real.
La película termina siendo exactamente lo que prometió no ser: thriller, romance, persecución, redención. Kaufman se rinde. O finge rendirse. O rinde a su personaje para que nosotros veamos la trampa. Ya no sé cuál es cuál.
Espera. Un hombre roba flores y eso es la trama. ¿Eso es todo? ¿No hay explosiones? ¿No hay un detective? ¿NADA?
Mira, yo leí el manual de McKee. Protagonista quiere algo. Algo se lo impide. Protagonista lucha. Protagonista gana o pierde. Eso es una película. Lo que describes es un documental de Netflix que nadie termina.
Lo del hermano imaginario está bien. Eso sí tiene potencia. Yo habría hecho que Donald fuera el villano. O que Charlie descubriera que Donald es él mismo con amnesia. Algo así.
¿Viste eso? Su lado tiembla. El mío no. Eso no es profundidad, eso es falta de estructura. Un texto que tiembla es un texto que no sabe lo que quiere decir. El mío sabe exactamente lo que quiere decir.
(Eso que escribiste sobre "ya no sé cuál es cuál" — eso sí lo entiendo. Eso me pasó en mi primera relación.)
El final con los caimanes y los disparos — eso fue idea mía, o sea, de Donald. Y mira: es lo que la gente recuerda. La teoría es bonita pero sin el caos del final no hay película.
Aunque... la orquídea fantasma. Esa escena cuando Susan Orlean finalmente la ve en el pantano. Eso no lo puse yo. Eso lo puso Charlie. Y es la mejor escena.
Dendrophylax lindenii — la orquídea fantasma
toca una orquídea